Cuando no puedes evitar preguntarte
si ya has perdido todo rastro de humanidad
porque nadie puede percibir tus sentimientos.
¿Acaso es que ya no siento?
¿Dónde dejé mis sentimientos?
¿Tan ocultos los tengo, que ya ni siquiera salen?
¿Ni aparecer quieren?
Solo dejando rastros en mi almohada
en la fría y reconfortante
oscuridad de la noche,
donde nadie puede verte,
oírte ni juzgarte.
¿No estás harto?
Te da miedo cerrarte,
y odias estar solo,
tan lejos de ese sentimiento,
cercano al sentimiento de no sentir nada.
A veces, pensando que estás en caída libre,
que vas a estrellarte y romperte.
Los humanos somos como el cristal:
una vez que nos rompemos,
no podemos volver a ser arreglados.
si ya has perdido todo rastro de humanidad
porque nadie puede percibir tus sentimientos.
¿Acaso es que ya no siento?
¿Dónde dejé mis sentimientos?
¿Tan ocultos los tengo, que ya ni siquiera salen?
¿Ni aparecer quieren?
Solo dejando rastros en mi almohada
en la fría y reconfortante
oscuridad de la noche,
donde nadie puede verte,
oírte ni juzgarte.
¿No estás harto?
Te da miedo cerrarte,
y odias estar solo,
tan lejos de ese sentimiento,
cercano al sentimiento de no sentir nada.
A veces, pensando que estás en caída libre,
que vas a estrellarte y romperte.
Los humanos somos como el cristal:
una vez que nos rompemos,
no podemos volver a ser arreglados.

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